Cuando uno revela sus placeres culpables en música o películas, hay que asumir que se está condenado a las bromas.Esta semana en un almuerzo se me ocurrió decir que, aunque estoy como quince años alejada del target, me gustan las canciones de “High School Musical”, que he visto la película dos veces, y que probablemente me consiga el dvd.
Y así, todos los oyentes empezaron con “a la Ale le gusta Troy”, “la Ale va a ir al concierto al Estadio Nacional”, “la Ale ya tiene la entrada comprada”, etc. OK, me gustan las canciones, pero no voy a ir a ninguna parte a ver a los niños. Me caen bien, eso es todo.
También se me ocurrió decir que cuando estoy aburrida, me gusta ver las películas de Lindsay Lohan, partiendo por “Juego de Gemelas”, una película de Disney en que un par de gemelas son separadas -una se queda con el papá, la otra con la mamá-, y cuando a los 11 años se encuentran en un campamento de verano, se cambian para vivir con el padre que no conocen, y después se reencuentran a la fuerza. Y he visto “Life size”, “Freaky Friday”, “Herbie, fully reloaded” y “Just my luck”. Entre todo el lote, la única rescatable es “Bobby”, sobre el asesinato de Robert Kennedy, pero el resto me entretiene mucho.
En música, mi placer culpable es un grupo ochentero llamado Bananarama y Rick Astley. Me sé de memoria “Love in first degree” y “Together forever”.
Escucho y canto todas las canciones de Phil Collins. Es el único por el que pagaría mi entrada para un concierto en estos tiempos. Bueno, los Rolling Stones también. George Michael también.
Por eso digo, qué bueno que sobre gustos no haya nada escrito.
