
Estoy cansada, pero soy una cansada feliz.
Desde el martes que no he parado, entrando y saliendo, corriendo para no atrasarme, llegando más tarde a mi casa, pescando a medias lo que me dicen, repasando cosas en el camino porque el tiempo no me alcanza. Pero mientras corro en la vorágine, pienso que me hace muy bien sentirme activa y productiva.
Lo único que me molesta es que estoy durmiendo menos, como cinco horas y media con uno o dos desvelos cada noche. Despertadas tontas en que me pongo a pensar qué es lo que me toca hacer al siguiente día, pero antes de que lo recuerde, ya estoy dormida de nuevo.
Y yo descanso 7 u 8 horas normalmente, tengo que regresar a eso.
Como sea, a pesar de todo lo mencionado arriba, esta noche tuve una cita impostergable con mis amigos para ver los últimos capítulos de Lost.
Todos llegamos con un aporte para el picoteo, todos con el penúltimo capítulo ya visto, como diciendo “llegué con la tarea hecha profe”. Y los seis que estábamos reunidos nos sentamos a las 19.50 y nadie nos movió de la silla/sillón hasta las 21.30.
Siempre he dicho que los gringos pueden ser muy tontos en política exterior haciendo estirar el chicle injustificadamente con la ocupación en Irak, que pueden ser muy fanáticos de cosas que a nadie le importan y que pueden ser un fiasco en la vida práctica, pero son secos para hacer buenas series y dejarla a una metida con las tramas.
Es que cuando Jack y los demás…
Y cuando Kate se detuvo…
Y cuando Sawyer dijo…
Y cuando llegó Locke…
Y cuando el gran Hurley avanzó…
Y la escena final…
Estuvo todo muy bueno.
Y queda demasiado tiempo para que empiece la cuarta temporada…
Mientras tanto, las entradas ya están compradas para Piratas del Caribe 3 el viernes, y también están compradas para la fiesta diva ochentera del sábado.
Estoy muy contenta, pero no hay ninguna razón en especial.