viernes, marzo 28, 2008

Locura práctica

Amigo que me llama al celular: Ale, te tengo que pedir un favor.
Yo: Sí, dime.
Amigo me dice por el celular: ¿Me puedes comprar una camisa? Tú sabes qué colores uso...

Ok, yo puedo comprar un whopper en el Burger King si me lo encargan, puedo cambiar un cheque que no es mío en el banco si tengo tiempo... pero comprar una camisa de hombre lo encontré más difícil que todo eso junto. Así que caminé a un Ripley pensando que no podría ser tan complicado, pero apenas entré me di cuenta que el departamento de hombres no es lo mío. No sabía qué comprar así que di vueltas hasta que un vendedor con cara de amable me preguntó qué andaba buscando y me indicó el camino al mágico perchero de las camisas buenas, bonitas y baratas.
Hay ciertos colores que quedan bien y otros no a determinadas personas. Creo que tengo algo de noción para eso.

El cumpleaños y Facebook
Fui al cumpleaños de una de mis mejores amigas el otro día y esos eventos -aparte de pasarlo bien y decirle a la cumpleañera que nunca será un grano de arena solo en el desierto-, sirven para observar a la gente y enterarse de qué se teje en materia social, qué tema “la está llevando”.
Y esta vez fue Facebook.
Que me encontré con Juanito, que apareció Pepita, que cuándo te vas a hacer tu profile, que inclúyeme mañana como amiga y bla bla bla.
Yo tengo perfil, pero ahí me quedé. Acepto a la gente que conozco y a los que me tincan, pero no invito a nadie. Entro tarde, mal y nunca, porque la verdad, lo encuentro bastante inútil.
Sí, puede ser que haya gente que se encuentre con otra que había perdido de vista hace mucho tiempo, pero en el fondo perder el contacto es... dejación. Si uno se propusiera buscar a una persona la googlea, usa blancas.cl, hojea la guía de teléfonos... es posible hacerlo sin Facebook, ese el punto. Sólo que claro, toma trabajo.
Y en términos de aplicaciones ¿Para qué voy a andar jugando a los vampiros o ganando puntos que no me sirven para nada? ¿Por qué debería unirme a causas virtuales que de buenas intenciones sólo tienen el nombre?
Por ejemplo, esa moda de que vuelvan los lentos. ¿Para qué diablos puede querer alguien que vuelvan a tocar lentos en las discos, si las veces que yo he ido, a la ex Oz por ejemplo, todo el mundo se va a sentar con cara de lateado cuando ponen uno? ¿Faltan acaso espacios de romanticismo? Para eso está el ingenio, no unas cuantas luces bajas y una canción en inglés que imponga abrazos, creo yo. Hay mejores formas de autoalegrarse.
Y eso que me gusta la música ochentera, pero los lentos no los paso.

Retomando la ida al cumpleaños, la mayor alegría fue haber estado con mis tres mejores amigos de la universidad. No nos veíamos los cuatro juntos desde octubre pasado, cuando se nos ocurrió hacer una sesión fotográfica que hasta ahora nadie fuera de nosotros ha visto porque es demasiado.... hilarante. La foto que nos tomamos este miércoles fue muy normal, si nos pusiéramos a comparar.
Y ese encuentro fue mil veces más valioso que cualquier Facebook.

Barrio Bellas Artes
Paseando por el artístico, caro, sobrevalorado pero igual lindo barrio de Bellas Artes, uno se puede encontrar con muchas cosas “especiales”. Por ejemplo, el aviso de “Se busca señorito para atender bar”, que la verdad no duró mucho tiempo puesto, será por la alta oferta de postulantes.
Otro aviso que me puse a leer era un llamado público a cualquier persona con alma de poeta para que pasara a formar parte de una colectividad de declamadores urbanos que, salomónicamente, repartirían las ganancias por partes iguales. ¿Volvimos a la era hippie? ¿Cuándo que no me di cuenta?.

Manifiesto Nueva Sangre
Tres cineastas chilenos, Ernesto Díaz (“Kiltro”, “Mirage Man”), Jorge Olguín ("Ángel Negro”, “Sangre Eterna") y Miguel Ángel Vidaurre (“Corazón Secreto”) firmaron hace algunas semanas el “Manifiesto Nueva sangre”, versión local del “Dogma 95” que impone una serie de requisitos a la hora de filmar, a simple vista dando importancia a la naturalidad y la improvisación. Estratégicamente, la norma también tiene su cometido: ser distribuidos por alguna productora independiente de EEUU, probablemente Magnolia Films o alguna otra que aportaría circulación en el extranjero del material (por ejemplo, Magnolia Films distribuye “Kiltro” a casi US$19 a cualquier parte del mundo).
El manifiesto tiene 13 puntos y yo no estoy de acuerdo con todos, por ejemplo, ese que impone la duración de una película entre no menos de 70 ni más de 90 minutos, o ese otro que denigra los filmes que son calificados para todo espectador. Como sea, la propuesta es interesante de analizar y discutir. Si alguien quiere ahondar, se puede ver AQUÍ y ACÁ.

El título del post por supuesto que no tiene nada que ver con todo lo que escribí, pero no importa, por algo está ahí para dejar constancia de la fecha.

miércoles, marzo 19, 2008

Verdad que empieza el otoño...

Me gustó especialmente este verano y lo despedí el domingo pasado jugando en una plaza y tomando helado. No tomé nada de sol en estos meses salvo cuando fui al persa de paseo, pero tampoco puedo prescindir de la vitamina D. Si tuviera que definir los últimos meses en una palabra, creo que sería felicidad.

Las películas: Estoy poniéndome al día con el cine oriental con lo que no vi el año pasado...

“2046”, película romántica, pero no melosa que cuenta la historia de un hombre que tuvo un gran amor en su vida, pero lo pierde y todas las mujeres que busca después poseen algún rasgo del modelo original, pero sin serlo completamente, así que las va dejando. Con una comparte la relación física, con otra la intelectual y con una tercera el alcance de nombre. Me habían dicho que pusiera atención a una frase: “De nada sirve encontrar a la persona correcta si es el momento equivocado” y vaya que tiene razón.


“Oldboy”, la historia de un hombre encerrado por quince años en un departamento sin saber por qué. Cuando al fin sale de ese lugar, obviamente busca venganza y personalmente, cualquier cosa que traiga aquella palabra incluida seguro que me va a gustar. La gracia es que en el desarrollo se va explicando por qué pasó lo que pasó y el supuesto vengador termina peor que al comienzo. Intensa, con esos cuestionamientos morales que logran que uno se pregunte qué haría estando en ese lugar y poniendo en el tapete temas que acá de seguro provoca infartos a los moralistas.

Últimamente estoy prefiriendo ir a ver acompañada las películas, así después las comento con el interlocutor(a) y evito comerme las ansias. Y atrasada, pero igual vi “Juno”. En general me gustó y me conmovió el final, pero a pesar del toque realista que le dan a la protagonista, no me creo mucho el cuento: nunca he visto a una niña de 16 años que sea así en la vida, que sepa datos como esos o que deje callados a los adultos. Quizás gusta porque es una proyección de lo que a mucha gente le hubiese gustado hacer o decir a esa edad, pero no sé si existe esa persona. En todo caso, los papeles masculinos me parecieron más creíbles que los femeninos.

La página web con trampa: http://www.aladygma.com/ es un sitio de fondo negro y números misteriosos que anuncia el próximo proyecto de J.J Abrams (uno de los creadores de “Lost”), después de “Cloverfield”. No dice mucho a simple vista, pero para los que tienen alma de detectives, tiene contenido oculto que sale a relucir usando un poquito la cabeza y siguiendo una simple instrucción.

El descubrimiento: La gente se ríe por esto, igual que por varias cosas más. Si parece que hay quienes gozan asustándome detrás de las puertas o haciéndome bromas en el metro, donde una debe guardar cierta compostura y no ponerse a gritar de la risa como quisiera. La cosa es que me han molestado porque soy supuestamente celosa. Nada más lejos de la realidad.

El dominó: Resulta que desde que recuerdo me gusta jugar al dominó, pero como el juego no es muy popular, no había con quien practicar. El año pasado, cuando escribí un posteo sobre los juegos de mesa, LA Rojas me desafió a jugar algún día y eso se cumplió el último verano. Apareció el contrincante que, para ser honesta, me ha ganado más partidas de las que quisiera y ha hecho que me pique más de lo que me gustaría demostrar. Pero no importa, me superaré y cuando consigamos un dominó que incluya hasta el chancho 9... otro gallo cantará y ganaré mis apuestas.

jueves, marzo 13, 2008

Mirageman y la historia paranormal

Yo no me llevo muy bien con el cine chileno, veo poco y la mayoría de las películas las descarto con sólo mirar el trailer. Las razones son varias: más de lo mismo, actores repetidos, tramas simplonas y siempre apelando al recurso fácil, la vulgaridad.

Pero algo cambió ayer, cuando vi Mirageman y salí del cine con un muy buen gusto.
Tiene mucho encanto la película, primero porque el héroe (Marko Zaror) es un hombre común y corriente que entrena artes marciales, toma micro, habla poco, trabaja como guardia en el club Passapoga y es bastante ninguneado, lo que lo hace fácilmente identificable para el empleado promedio.

Segundo, porque es realista: por lo general yo me reía con esas escenas de transformación del superhéroe, siempre tan rápidas e irreales. ¿Dónde escondía la ropa Superman, por ejemplo y cómo se las arreglaba para vestirse después y aparecer tan campante frente a Luisa Lane? ¿Sailor Moon se daba unas vueltas y ya estaba lista? Acá no, a Mirageman se le atasca el pantalón en una pierna, se demora más de la cuenta en ponerse la capucha y hasta le roban la chaqueta porque la dejó mal escondida.

Tercero, no es lo mismo atrapar a los malos en las calles de Nueva York versus Santiago de Chile, en la zona céntrica sobre todo, donde personalmente, ganas no me han faltado de pegarle un buen palo a los delincuentes que carterean o roban a la gente inocente. Ver a Mirageman haciendo todo eso hizo que me dieran ganas de que realmente existiera un justiciero enmascarado.

Especial mención también al personaje de Pseudo Robin, el desconocido que trata de ser el compañero de andanzas de Mirageman sobornándolo con la disponibilidad inmediata de dos Motocross.
También se ahonda en el efecto que genera el héroe en la prensa, pero mejor no hablar de eso. El gremio se aprecia más amarillista que nunca.

Rescato también toda la campaña de promoción de la película. Mezclar videos en Youtube (cuál de todos más gracioso) con afiches y guiños a la realidad local hace sentir cercanía. Estoy segura de que en unos años más ese fenómeno volverá a pasar a una escala mucho mayor y al fin tendré fe en el cine chileno como industria exportable y exitosa. Seguro que querré estar ahí, en todos los pasos.

Lo que no se vio
Lo especial es que como este evento fue avant premiere, el propio Marko Zaror, con traje de Mirageman, presentó la película y se mandó una de sus acrobacias a tres metros de donde estaba sentada yo.
Lo malo, es que estaba casi todo el personal de la radio Rock&Pop en la sala y hubo que escuchar a Nicolás Copano haciéndose el simpático como “conductor”. Sin comentarios.

La euforia vino eso sí al final, cuando todo el mundo salía sonriendo de la sala y el actor estaba disponible para saludar al público. Hubo aplausos espontáneos y muchas fotos: los niños pedían que el actor se pusiera la capucha y posara a su lado; las mujeres preferían a Zaror con la cara descubierta y los hombres, posando juntos y haciendo simultáneamente la típica posición de karate con las manos. Fue gracioso ver como cada grupo optaba por el héroe en el primer caso, la facha del actor en el segundo y el fanatismo en el último.

¿Yo? No, no me saqué fotos, prefiero mirar, digamos que me baja la vergüenza con eso de ser groupie. Sí me llamó especialmente la atención lo grande y musculoso que se ve en pantalla Mirageman. No es que en persona sea un enclenque, para nada, pero resultó ser más delgado de lo que pensé. Dicen que con todos suele pasar así al verlos en vivo y en directo.
Así que eso. Recomiendo la película y eso es harto decir. Más detalles en http://www.mirageman.cl/canal10/

La historia paranormal
Esto pasó el fin de semana en el sector de Providencia y el susto lo tuve de verdad. Resulta que estaba en la casa de una amiga, en un sector relativamente antiguo de la comuna. Tipo medianoche empezamos a sentir ruidos, alguien que caminaba en la pieza donde estábamos. El piso de madera crujía como si alguien se desplazara y lo prometo, no había nadie ahí.
Lo peor fue mirar el cuadro que estaba en la pared a través del espejo y darnos cuenta de que estaba más iluminado en una de las puntas. Y la luz estaba apagada.
Sí, pasé miedo. Yo que decía a todo el que me preguntara que no creía en esas cosas porque nunca las había vivido, ahora me salió el tiro por la culata. Algo muy extraño pasó ese sábado.

Mañana actualizo el otro blog. La lectura sólo puede hacer bien, dicen. Yo así lo creo.

viernes, marzo 07, 2008

De todo y nada en marzo

El gato. Conocí a un gato hace poco y como es cachorro le caí bien a la primera. Me mordió los pies y me olisqueó la cara pero lejos, lo que más me llamó la atención es que este felino toma Pepsi!
Ok, yo tuve un gato que en verano comía pedazos de melón y mi minino actual mata por la ensalada de brócoli, pero ¿¿¿Pepsi???? Eso no lo había visto antes y obvio que fue por culpa de sus amos que lo mal acostumbraron. Uno abre la botella y el perla empieza a maullar. Es un gato que “se atreve a más”.

Mea culpa. Hasta principios de este año, yo contaba feliz al que me lo preguntara que vi “American Gangster” el año pasado y pirateada en la comodidad de mi hogar. Y ahora que la estrenaron me sentí culpable de estar atacando así a la industria y asociados que se ganan la vida en el rubro.
Nunca he descargado una película porque el computador de mi casa es tan lento que no lo permitiría y sé que perdería la paciencia esperando, pero sí he comprado discos grabados a la mala. Bastantes. Ya sé que esto no es como asaltar a una familia inocente o dispararle a alguien, pero de todas formas no está bien. Además que las películas originales con extras y con su caja de colores son tan bonitas, llega a dar gusto mirarlas en las tiendas, salen muy buenas cosas de ahí.
Por eso, sé que mi dealer vende “John Rambo” desde hace semanas, pero me prometí verla en el cine y lo voy a cumplir. Una más de varias promesas que respetaré. Hay necesidades vitales pero esta no lo es, más bien uno se la crea para justificar la ansiedad. No importa que un amigo justo ayer me haya comentado por msn que ya la vio y vale la pena... aguantaré no más. Ahora estoy prefiriendo esperar y respetar los tiempos, por varias razones.

Las películas. (Todas son cortesía del video club de calle Compañía donde fueron arrendadas). “The Hitcher”, que estrenaron acá como “Asesino en la carretera”. Se basa en tres personajes, una pareja de universitarios que hace un viaje en auto y cuando todo parece que será un buen rato se topan con un psicópata al que deben llevar a bordo y les echa a perder la fiesta con amenazas y armas blancas. “Vacancy” u “Hotel sin salida”, en el mismo tono que la anterior, pero con la salvedad de que la pareja se queda atrapada en un hotel que está en medio de la nada y cuyo administrador y ayudantes son locos asesinos de los que hay que huir ahora ya. Curioso lo que pasa con estas películas, que reciben pésima crítica, pero igual se aprecia que hay un trabajo bien hecho detrás, producción, detalles muy cuidados. No son para el Óscar, pero tampoco para tirar al tarro de la basura sin más.
Las otras dos fueron “El niño de barro”, con Argentina de 1912 conmocionada por los asesinatos a niños, y uno de ellos -el protagonista por supuesto-, con extrañas visiones de lo que va a pasar y quiénes serán las siguientes víctimas. La última, la coreana “Sympathy for lady Vengeance”, era la historia de una ex presidiaria que sale en libertad para cobrar venganza por el crimen que no cometió. Suena a “Kill Bill”, pero es mucho más que eso, hasta permite una reflexión acerca del papel, pasivo o activo, de los familiares de las víctimas en los delitos.
Las cuatro fueron seleccionadas al azar y el detalle con el que me quedo, aparte de que me gustaron, es que todas coinciden en algo: una mujer disparando, por distintas causas, pero todas justificadas.

Las modas. No hablo sólo de ropa, sino también de creencias. Ordenar la oficina o la pieza según la filosofía zen y jurar que así se sacan las malas vibras cuando ese es un tema interno que no tiene nada que ver con la posición de unos simples objetos... como que no lo entiendo. Raro eso pretender traer una forma de ver la vida de cierta aparte del mundo y adaptarla a la nuestra ¿Qué tiene que ver uno con lo que han pasado los chinos y los indios por miles de años para llegar a ser lo que son ahora?

La caminata. En aquellos lejanos años de preparación de la Prueba de Aptitud Académica, sección Historia y Geografía, me bajó la locura de que para aprenderme bien lo que había hecho cada Presidente de Chile, sería interesante ir caminando a las plazas donde estaban los bustos de cada uno para leer las placas y aprender in situ. Claro, había algunos que eran más notorios que otros, había algunos muy detectables que se notaban de lejos, pero creo que el método funcionó. Tampoco me iba a poner a tomarles fotos o medirlos, para qué, pero hasta el día de hoy los extraños conocidos me molestan con eso, por qué será.

La molestia. Resulta que desde fines del año pasado tengo una pequeña alergia en el cuello que no es la gran cosa, pero me molesta saber que sigue ahí. He ido al doctor, he usado esas cremas que suelen recetar y no pasa nada.
Ayer, buscando otra opinión, llegué con una doctora que empezó con las mismas preguntas de siempre:
-¿Tiene contacto con animales? (Sí, todos los días. Además tengo un perro y dos gatos en mi casa)
-¿Usas cremas, perfumes? (Sí, uso, tengo varios)
-¿Es alérgica a algo? (No, que yo sepa)
-¿Has comido algo fuera de lo común? (No lo sé... si usted considera los cerebros de mono o las ancas de rana que me zampé el otro día como raro, podría ser.... No, mentira, ni siquiera probaría eso, pero el punto es ¿Para qué iría a gastar plata y tiempo en ir al médico si no hubiera repasado esto ya mentalmente y lo hubiera evitado al identificarlo?)
Nada contra el gremio, pero hasta ahora no me han dado ningún aporte ni me han contado algo que no sepa. Espero que eso cambie.

La lectura. Ah sí, dicen que la gente no lee, ni libros ni mucho menos páginas en Internet. ¿Será verdad eso? Lo voy a probar aquí.
Y se acabaron las vacaciones... voy a empezar a responder los comentarios de nuevo... a partir del lunes.

jueves, febrero 28, 2008

El desafío de la semana

Antes de empezar a hablar de cualquier cabeza de pescado como he hecho últimamente (no, nunca tanto, si igual todo esto tiene una razón de fondo), quería comentar que se dio inicio a la historia que tengo en el otro blog por si a alguien le interesa.

Y partimos.

“Highlander”, “Rocky”, “Rambo”, “Los Magníficos”. Estas eran las cosas que yo siempre quería ver cuando era niña, pero como sólo había permiso para “Candy” y “Heidi”, que igual me gustaban pero no me mataban, fue inevitable quedar con la idea de que cuando creciera iba a cobrar mi revancha.
Me agradan esas cosas preferentemente masculinas por razones que los psicólogos y estudiosos quizás logran identificar, quizás no. Mi teoría es que cada protagonista puede usar su fuerza y sus habilidades cuando lo considera necesario y creo que me gustaría poder hacer eso, pero como mi lado físico-fortachón deja mucho que desear, me entretiene mirarlo.
Porque tampoco vamos a decir que Sylvester Stallone o Mr. T ganan el premio a los guapos del año, todo lo contrario, pero aún así me caen muy bien.

Tengo la idea de que si manejara una pistola... tarde o temprano terminaría usándola para defender lo que yo creo justo. Lo único que sé es que si alguna vez veo a una tropa de pergenios maltratando a un perro o a un gato no me va a importar nada que los niños sean el futuro de la humanidad.
(No, tampoco les voy a disparar, quién quiere ir a la cárcel... pero sí es seguro que los voy a retar)

El cine
La película de esta semana es “There will be blood” (Petróleo sangriento). 156 minutos para contar la historia de un hombre de esfuerzo y ambición que va formando su vida en torno al oro negro.
Me distrajo la banda sonora por lo fuerte que sonaba y aunque la película no pasa a mi lista de favoritas, hubo varias escenas que me gustaron, sobre todo esas que mezclan risa, vergüenza ajena, satisfacción y estupor a la vez. La del bautizo del protagonista por ejemplo.
Ah, Daniel Day Lewis se ganó el Óscar por esta película. No sé si eso sea buen referente porque en mi caso, hay montón de películas que me gustan y que ni siquiera han sido nominadas y viceversa, pero bueno, es el dato freak.

Y ya que estamos en el ítem “cine”, ayer leyendo en el diario “La Segunda” las críticas de lo que estrenan esta semana (entretenido leer a los críticos para reírse después)... me topé con una clasificación bastante atípica, por decirlo así.
A ver, uno sabe que los títulos los califican con una cantidad de estrellas que van del 1 al 5 según sea “muy mala” o “imperdible”. Pero acá uno aparece además una estrella encerrada en un círculo y como no sabía lo que era, cuando fui a verlo me encontré con que significa “para cinéfilos”... y me cargó eso... ¿o sea que la gente común no puede verla porque su limitado cerebro no la va a entender? Lo peor es que así salen calificadas “No country for old men” o “Sweeney Todd”.
Así que ya sabe, si usted no es cinéfilo, no las vea.
Ja-ja-ja. Tratar a la gente de tonta gratuitamente me molesta mucho. Aunque de que los hay, los hay, pero ese es otro cuento.

Ya. Dejo eso atrás mejor. La idea loca de esta semana es una página web que encontré por ahí (http://www.comoacaba.com/) que cuenta los finales de las películas. No es nada elaborado y esa es su mayor gracia. De hecho es tan absurda que llega a dar risa... por ejemplo, transcribo los finales de estas tres películas sin temor de sorprender a nadie, porque a estas alturas quién no las ha visto:

-Final de “Titanic”: Él se ahoga
-Final de “Liberen a Willy”: La liberan
-Final de “Pesadilla en Elm Street”: Cuando todo parecía un sueño, aparece la mano de Freddy.
Igual puede ser útil para los desmemoriados.

La comida
Me comí un lomito italiano el fin de semana en esas “picadas” donde los precios bajos son inversamente proporcionales a lo contundente del plato. Ni siquiera pude acabar el plato y eso que el hambre abundaba.
La gracia es que hace tiempo quería sentarme en la barra de un local improvisado en plena esquina de una calle, pero sola no tiene gracia, además que no falta el simpático que te empieza a molestar. Acompañada es distinto, harto mejor.

Todo esto fue en el Persa Bío Bío, lugar donde ni el bloqueador solar logra capear los rayos UVA/UVB. Todavía tengo la nariz levemente roja, pero todo lo que caminé, miré y conversé no me lo quita nadie.

Quedé tan cansada que hubo que parar en una plaza para echarse un rato admirar la naturaleza. Hasta me saqué los zapatos y miré al cielo sin importar que las hormigas caminaran por el brazo o que la lengua quedara de los colores del helado Centella de Savory comprado en el negocio de enfrente (y no, no me volví hippie ni fanática de la onda natural, jamás podría, pero un rato así no le hace mal a nadie).

Es que esas cosas pueden ser liberadoras, pero nunca tanto como darse cuenta de lo errada que pudo estar una antes en la toma de ciertas decisiones o en definir ciertas cosas como categóricas cuando en realidad no lo fueron. El sacudón molesta un poco y hace que una vaya corriendo a aislarse para no hablar, pero la claridad que viene después se valora tanto.

Así no más es. Después se dicen las verdades y una se siente tan bien, como haber usado Sapolio, Quix, Omo y Drive, todo a la vez. Sobre todo por estos días, que se nota tanto la presencia de algo fuerte y poderoso.

jueves, febrero 21, 2008

La vida que fluye no más...

¿De vacaciones yo? No, por cierto que no.
No tengo particular preferencia por el verano y a quién vamos a engañar... no necesariamente se debe salir para cambiar la mente. Es posible estar en la misma ciudad y dar un giro positivo de 180º. Por otra parte, se puede ir al otro lado del mundo y volver exactamente igual que cuando se partió.

Hartas cosas, partiendo por el cine. Por ejemplo, ir a ver “Sweeney Todd” y entretenerse más con lo que pasa fuera de la pantalla que con el papel de Johnny Depp. Es que hay cosas que dan pie a la distracción, a mirar para un lado, para el otro o intentar abrocharse el zapato.
“Expiación”, para confirmar una vez más que adaptar un libro a la pantalla no es cualquier cosa y si no dejas el final tal cual... el público puede quedar desilusionado. Película para mujeres y gays me han dicho por ahí, puede ser. “Cloverfield”, más que nada para comprobar si era verdad todo lo que se hablaba y opinar con voz propia. Entretenida, feo el monstruo, a ratos sentí que miraba a los velociraptors de Jurassic Park, pero no, eran unos mini monstruitos cuya aparición no se explicó ni se justificó muy bien. Pasó rápido el tiempo en esta ocasión y me senté muy adelante a pesar de las advertencias. Puros cuentos, no tiembla ni tanto la cámara.
“Good luck Chuck” comedia livianita que en los diarios asesinaron con la crítica, pero que en realidad no es tan mala. Hace reír y cumple su objetivo, qué de malo puede tener eso. Una razón más para no creer en los críticos de cine y sólo en los que hacen cine.

La identificación. Pasó con esa última película y yo no quedo bien parada pero qué importa. La protagonista es una niña que se cae, se le rompen las cosas, choca con los postes... algo así como yo en la vida diaria. Sí, los que saben, saben. He roto piezas de loza en casas de amistades, me he caído en la calle, rompo cajas de dvds que no son mías, no calculo la fuerza de las manos y hay gente que ha recibido golpes sin intención hasta en la cara. Peligroso todo eso.

El juego. Hace bien. Caminar y reírse en pleno centro de Santiago y no entender cómo, en minutos en que la gente habla sin filtros, se pueden oír frases del tipo “eres como yo, pero distinto”. Y seguir caminando.

El fútbol. Ya he contado que sólo veo los partidos de la selección y como eso no pasará hasta junio, ahora se respira la paz. Lo que no implica que de repente me quede pegada unos segundos en la pantalla de algún local sintonizado en CDF o que me tope con hinchas colocolinos a la salida del metro Pedreros, como ocurrió el miércoles de la semana pasada camino al cine. Pocos en todo caso, si a pesar de ser el equipo chileno con mayor barra (dicen), el estadio Monumental (vaya nombre) sólo se llena en las finales. El resto del tiempo, esos mismos seres brillan por su ausencia.

El pensamiento social. Sí, el niño Miguelito, que da vueltas y vueltas en los diarios porque tiene recién 14 años y ha sido detenido 17 veces por delinquir, el mismo que es líder en su barrio y que juró matar al asesino de su padre. Mientras la mamá pide ayuda psicológica y que paren con la estigmatización, el resto del mundo discute si realmente puede existir rehabilitación o ya no tiene remedio. Y cada bando espera que se cumplan sus pronósticos para después, vanagloriarse de ellos y dárselas de visionarios. Mil veces ha pasado eso, un caso que se toma como bandera de lucha.

La idea loca. Esto lo leí en el diario y me gustó mucho. Resulta que para aquellos que les gusta leer libros en los trayectos de la casa a cualquier parte, pero se distraen con las miradas de la gente que va sentada al lado y se entusiasma más de la cuenta con las lecturas ajenas, en EEUU venden unas cubiertas con títulos espanta-intrusos del tipo: “Los beneficios nutricionales de meterse los dedos a la nariz”, “Cómo hacer de tu madre una estrella porno”, “Liposucción: Hágala usted misma” o “Cómo asesinar a un completo extraño y deshacerte de él”. Se ponen encima del original como un forro y listo.
Hasta pensé en títulos locales tales como: “Elimine a los jotes ahora ya”, “Cinco simples pasos para deshacerse de viejas metiches”; y también más decidores: “Cómo hacer hora cuando el motel está lleno” o “Pobre de usted: no ha sentido el amor por primera vez en su vida”.
Sí, algunos así usaría yo para espantar y gritar mis verdades al mundo.

Seguimos con la relatividad. Ya lo asumí. Es que miro alrededor y me doy cuenta de que en algunos casos pueden pasar años antes de alcanzar un sentimiento pleno y a veces ni aún así se logra. En cambio en otras personas -inexplicablemente para cualquier testigo-, eso mismo se puede lograr en dos semanas o un mes. Así de rápido y fulminante.

El proyecto. Hora de darle un impulso a la creatividad con otro blog. No, este no se acaba, esta pantalla negra con letras grises es la génesis de muchas cosas que importan. Lo nuevo es un experimento que parte hoy y se puede ver ACÁ.

viernes, febrero 08, 2008

Cosas (ni tan) relativas

La relatividad de una película
Había una vez una avant premiere de la película “No country for old men” que era gratis y daba la posibilidad de ver en exclusiva y anticipadamente una de las cinco películas que están postulando este año a los Óscar en la categoría “Best Picture”.
Por supuesto que la fila para entrar llegaba hasta muy lejos y apenas dieron las 9:00pm, todo mundo corrió para reservar los mejores asientos.

Pero resulta que la película tenía mucho diálogo, pocos chistes y le faltaban los efectos especiales. No había cabeza de la Estatua de la Libertad botada en el piso ni chambonada de la que reírse, así que a medida que avanzaba el tiempo algunos de los asistentes se paraban y se iban, sin importar que quedaran 10 o 15 minutos para que acabara y no vieran el final, que por lo demás dejó alegando a ¾ de los presentes. No hubo aplauso a lo aterrizaje de avión, por cierto que no... que cosa tan terrible...

Curiosa la reacción. Uno podría pensar que, siendo gratis, el grueso del público ni siquiera leyó la trama y se llevó la tremenda desilusión porque no había acción ni comedia. O que de plano no se concentraron y por eso no entendieron. Me sorprende esa idea de que para entretenerse haya que necesariamente reírse. ¿No se pasa tanto o más bien estando concentrado y dedicado a algo?

Mención aparte para el peinado de Javier Bardem, realmente macabro. Esa mezcla de príncipe valiente con la peor época de Los Beatles... yo lo miraba y me quedaba pegada en la cabeza, pero nunca tanto como para no darme cuenta de que interpreta a uno de los malos más inexpresivos y economizador de balas que he visto. Un escopetazo y sería todo, eso me gustó, para qué hacer escándalo en la vía pública o en el hotel de turno con tantos disparos para llamar la atención. Él es peor que la peste bubónica, como dice uno de los personajes, porque la gente que no tiene cuestionamientos éticos es lejos la más implacable.
Es tan fea la peluca que usa que hoy en el diario La Tercera él mismo declara en una entrevista que va a cobrar la franquicia por si se masifica para el próximo Halloween.

La relatividad del humor
Algo me pasa con las bromas. Distingo entre el humor que saca carcajadas fáciles versus el humor más sutil, ese que deja con buen gusto porque no es tan evidente y hace pensar al incluir el elemento desafío, que hace más interesante cualquier tipo de tarea, como por ejemplo, escribir este post.

No soy buena para contar chistes. Me lo piden y no se me viene ninguno a la cabeza, o lo cuento y me autoboicoteo riéndome antes de terminarlo. Pero igual saco sonrisas... no sé si será por lo picota al perder o por el mal manejo de la motricidad fina. Con esto de las particularidades, lo que es gracioso para algunos no tiene que serlo para otros, por eso cuando se juntan animosidades similares, todo fluye.
No sé, pero risas no faltan últimamente, abundan y de maneras novedosas.

La relatividad del tiempo
Un caso al azar: dos semanas, catorce días, la mitad de un mes. Alguien se puede tomar vacaciones dos semanas y volver igual de cansado; alguien puede pedir licencia catorce días y no recuperarse; alguien puede mutar de un sentimiento a otro en dos semanas y sorprenderse de lo rápido e intenso del proceso. Yo no creo mucho en ese último punto, muy de ficción en libro o película y una cosa muy distinta es la “vida real” (me da risa esa expresión ¿hay vida falsa acaso?). El punto es que en la cancha se ven los gallos y las “lentitudes” salen a la luz ¿o no?. Pero bueno, las excepciones confirman mi regla.

La relatividad de la palabrería

Cantinflas, además de hacer muchas películas de todos los oficios habidos y por haber, aportó con una nueva palabra al diccionario de la RAE: “cantinflear”, o sea, gastar palabras y saliva sin decir nada concreto. Algo así como lo de los poemas pero peor, porque llevado a la conversación “en vivo” no hay nada más desmotivante que perder el tiempo así.
En la lectura... yo me salto las líneas. Sí, tengo unos ojos que leen por encima lo que no sirve y así optimizan el tiempo. Eso lo hago desde la época de los libros inútiles que mandaban leer en el colegio y ahora hasta lo aplico en el mundo blog, porque de que hay material, lo hay.
En términos de labia, uno puede escuchar a una persona hablando y “le saca la foto” como quien diría. Se pueden saber cosas como la profesión, los gustos, las modas, las posturas... hasta el estrato social. Sí, lamentable, pero cierto. No todo el mundo habla igual y eso pasa en todos los países.
¿Nunca le ha pasado a nadie eso de que a pesar de hablar el mismo idioma, no es capaz de entender ni hacerse entender con otra persona X?. A mí sí y no es agradable, todo lo contrario. Me despido pensando en que hay cosas que las palabras no pueden expresar. Por eso, cuando pasa al revés agradezco la existencia de las compatibilidades.

La relatividad de una canción
Hay una película de la Lindsay Lohan llamada “Confessions of a teenage drama queen” (sí, yo veo estas cosas también y qué, me gusta el criterio amplio). La trama es una porquería. Básicamente trata de una adolescente fanática de un grupo de rock que tiene la pieza empapelada con fotos de su amor platónico: el vocalista.
Cuando la banda anuncia que se separa y dará un último concierto de despedida, ella entra en un colapso nervioso. Se las arregla para entrar al camarín, declararse y decirle al músico que las letras de sus canciones le cambiaron la vida. Además le pregunta dónde se inspiró para armar frases tan perfectas.
El tipo, un drogadicto que no tiene idea de dónde está parado, le responde que no tiene idea cómo nació el tema. Para él no significa nada especial, simplemente se lo pasaron y lo cantó.
Plop.
Nota de la redactora: Salió largo esto... no me iré en la volada de que “todo es relativo” ni responder “depende” a cada cosa que me pregunten, pero me queda claro que hay muchos puntos que tienen que ver más con la percepción personal que con lo categórico.

lunes, febrero 04, 2008

1, 2, ultraviolento

Del cine
Tenía pendiente ver "I am legend" o "Soy leyenda" (qué título más pretencioso...), así que el fin de semana saldé esa deuda. La película tiene dos versiones anteriores que yo no he visto y además está basada en una novela que no he leído, así que me sentía un poco en el aire cuando entré.
Me gustó, a pesar de estar algo distraída sentada en tercera fila. Entretiene y eso ya es algo que vale entre tanta oferta. Me habían advertido que el final desentonaba, pero qué importa eso cuando de todas formas te hacen notar la simbología, las cosas ocultas que no tienes idea de que existían.
Tengo una debilidad eso sí: las películas con animales (perros, gatos, ardillas) parten con bonus extra para mí... es que hay mascotas que son mejores actores que los humanos y un pastor alemán poniendo su cabeza ladeada mientras le explican algo... sí, eso me derrite.

Del periodismo
El tema de la deformación profesional es casi inevitable en cada carrera. Cuando uno está rodeada de amigos en su misma condición es difícil verlo, pero al salir de ese círculo y entrar en otro –o simplemente observar desde afuera-, se hacen evidentes ciertas cosas, no siempre buenas.
Decir que uno es periodista genera cada día más recelo y tengo claros los motivos. El principal es la incultura y hay mucho de razón ahí, porque si uno está a cargo de transmitir un contenido, lo mínimo que se exige es saber de lo que se está hablando. Si no es así, para eso está Google: introduzca las palabras claves y empiece a investigar.
Otra queja son las palabras clichés como “lúdico”, “hiperventilado”, “superlativo” o “notable” a la hora de alabar algo. Hasta yo he caído con una, pero no la mencionaré porque estoy precisamente en la misión de reducir la muletilla.
Para todo orden de cosas, yo digo que primero está la persona y después la profesión. ¿O acaso somos los únicos deformados?

De cosas que no entiendo
Por ahí hablaba el otro día con un pelmazo que se declaraba orgulloso de haber recibido un premio... blog. Era un orgullo casi obsesivo. Cuando un tema realmente no me interesa y si la persona no es de confianza, en general pongo cara-de-nada y no hago preguntas, porque eso implica que me seguirán hablando de algo que no quiero oír. Y suelen entenderlo.

Premios así no me interesan ni siquiera como tema de conversación, en realidad me alegran y me honran otras cosas, la gente que estimo por ejemplo... ¿hay algo más importante que la amistad y todo lo que puede traer a futuro? Es que de eso podría hablar horas y horas.

De cosas que entiendo un poco más
¿Es el destino el que actúa o las cosas pasan siempre por iniciativa personal? Hay personas que tienen la respuesta en su cabeza y otras, más viscerales, hacen lo que les dice el estómago. Parece que el temblor puede decir muchas cosas, no sólo es indicio de indigestión.

Y para ir cerrando, encontré esta noticia en Internet y me sumo desde ya. En la práctica me he venido sumando desde noviembre pasado: “Las blancas le declaran la guerra al sol”.
Si alguien más es como yo, que con un poco de sol jamás se tuesta sino que enrojece como jaiba y además lo pasa mal en el proceso con fuertes dolores de cabeza... no es lo mío definitivamente. Hace años que no tomo nada de sol porque no quiero quemarme/asarme/rostizarme. No me gusta la playa llena de gente haciendo lo mismo. No me importa estar blanca mientras todo el mundo luce el tono cobrizo... al contrario, yo soy feliz así pálida y los rayos ultravioleta pueden ir ya buscando otra víctima. Aquí no hay cabida.

lunes, enero 28, 2008

Para qué encasillarme en un solo tema...

De niña, cuando caminaba sola por la calle, tenía la fijación de mirar constantemente al suelo con la esperanza de encontrar algún billete tirado. Nunca funcionó por lo demás.
Ahora tengo visión amplia, me fijo en la gente y en los lugares. En las vitrinas de cualquier tipo de tienda, en el perro que se me cruza o el poeta de turno que voy a evadir.

Por ejemplo, caminar por el Barrio Lastarria me divierte y me vuelve especialmente observadora, porque es evidente cómo ha entrado en escena la ley de la oferta y la demanda. Es un hecho que está de moda y eso le otorga cierta “onda”. Calles como Mosqueto o Merced están llenas de locales al aire libre en donde la gente puede leer y dárselas de intelectual, armar historias o pasear al hurón que tiene de mascota y dárselas de exótico.
Bueno, yo miro con recelo. Si medio mundo se traslada allí es lógico que suban los precios a la par que las extravagancias. Si yo pudiera dominar mentes, pediría dejar la zona tranquila por un rato, así se calma un poco la... ¿euforia?. Al menos se aplicaría eso de que a menor demanda bajan los costos.

Eso pensaba el fin de semana haciendo hora por el sector para entrar al cine y ver “Gone baby gone”, la película famosa desde antes de su estreno porque, casualmente, trataba de una niña desaparecida que recordaba al caso de Madeleine McCain.
Le tenía fe al asunto y no me defraudó, pero tampoco aluciné. No voy a hablar aquí de encuadres y aspectos técnicos porque no me va. A mí lo que me interesan son las historias, si están bien contadas mucho mejor. Y si no es así tampoco pediría que me devuelvan la plata, porque hasta de lo malo se puede aprender algo.

Siempre me llaman la atención esas tramas de desapariciones, misterios, cosas ocultas y violencia. Me recuerdan la historia de esa mujer que nunca más vio a su hija Andrea desde esa mañana cualquiera en que la niña salió de su casa para ir al colegio. Pasaron más de diez años sin que hubiera pistas de nada hasta que, cansada de la inoperancia policial, la madre buscó a una vidente para preguntarle dónde estaba su hija. Respuesta categórica: enterrada en el patio de la casa de un vecino, que la hizo entrar con engaños y la mató sin huellas.
La solución a la vuelta de la esquina y tantos años debieron pasar para descubrirlo ¿Pasará eso en todo ámbito de cosas?
Cuento la historia porque vi la foto de la niña muchas veces en los diarios y su cara todavía la tengo grabada en la cabeza.

Volviendo a la película, sí me gustó el tono oscuro-urbano y el lenguaje directo. Lo que me trae a la mente la razón de por qué odio tanto la poesía. Sí, la detesto. Me parece tan rebuscado todo que al primer verso ya estoy bostezando. Si la destinataria(o) del poema tiene, no sé, los ojos bonitos ¿para qué darse mil vueltas diciendo que dos luceros fulgurantes encandilan hasta al más obtuso? Pura palabrería. O quizás es el anhelo de volver a los sentimientos de los 15 años, como si eso fuera posible a estas alturas. Se ve harto difícil.
No señor, las cosas directas y sin rodeos sonarán siempre mucho mejor.

Ya casi se acaba enero. Quién lo diría, ha pasado tan rápido. Pareciera que revivo tipo 8-8.20 pm y pareciera que ahora hay muchas más opciones que el chocolate Capri a la siempre necesaria hora del azúcar. Aunque técnicamente, la idea haya empezado a manifestarse en el 2007.

lunes, enero 21, 2008

Los días pasan y yo me olvido

A una misma persona puedo preguntarle lo mismo dos y hasta tres veces con intervalos no muy grandes de tiempo. Lo peor es que me doy cuenta y me acuerdo de lo que me respondieron antes cuando la pregunta ya está hecha y el interlocutor me mira con cara de “ella va directo al Alzheimer”.

Imposible eso, me niego a creer que falla mi memoria si ejercito las neuronas más que cualquier cristiano promedio y hago los puzzles del diario con más ganas que una presidiaria con condena de 20 años para tener la mente activa (a propósito de eso, hay un libro recomendable de John Grisham, “El inocente”, el primero que escribe basado en una historia real. Trata de un pobre tipo que es condenado a muerte por un homicidio que no cometió hasta que sus abogados demuestran su inocencia a pocos días de la ejecución... muy bueno... me tuvo varios días odiando a los abogados y a la burocracia. Todavía no se me quita).

Y no, no tengo mala memoria. Lo que pasa es que tengo muchas cosas dando vueltas en la cabeza. Eso pasa.

Estoy viendo otra serie ahora, Los Tudor. Así de corrido porque esperar semana tras semana por algo me hace perder la paciencia.
Y sí, pirateada.
Tiene algo de mafioso ubicar a los tipos que venden estas cosas por Internet y acordar juntarnos en un metro. Yo soy la señorita que llega, paga y se va, ellos son los que me dan las indicaciones freak como:
-Voy a estar sentado en los primeros asientos del andén sur con una caja en la mano
-Estaré con una polera roja
-Ando con una mochila verde con rosado, así me vas a reconocer...


Igual tomo mis reservas. Miro desde lejos primero para no encontrarme con algún psicótico por ahí. A mi dealer oficial no le conozco la cara, todas mis relaciones en este aspecto se realizan a través de Correos de Chile TNT.
Y también aporto a la industria de entretenimiento audiovisual comprando original, si tan delincuente no soy.

Retomando lo de Los Tudor, y ampliándolo a la serie local Héroes (todavía estoy esperando a Prat), independiente de los guiones mejores o peores, le dieron el palo al gato con esto de contar televisivamente la Historia, así con mayúscula, que en el colegio hacen aprender de manera tan poco... didáctica. Tan de memoria. Si a fin de cuentas todo el mundo tiene su lado turbio por más épicas que hayan sido sus hazañas. Es lo normal, ya he dicho que no creo en la bondad absoluta.

Enrique VIII es caso aparte. Podría hablar y discutir horas sobre él y sus seis esposas. Sí, me gusta el tema, he leído todo lo que he encontrado al respecto.

El otro día fui a esa exposición de juguetes antiguos que hay en el Centro de Extensión de la UC y empecé mirando las muñecas alemanas de la época de la Primera Guerra Mundial, pasé por las hadas y los duendes con cara de porcelana de no me acuerdo qué país y terminé con una figura de Enrique VIII en miniatura... sorpresas que da la vida, no tenía planeado ir, pero ahí llegué.
También me quedé pegada con las figuras de gatos. Obvio.
Y las muñecas chilenas de la década del ’40 tenían todas caras diabólicas, como si fueran las hermanas de Chucky, no sé cómo pudieron haber gustado. Qué bueno que mi mamá optaba por los juguetes de ingenio en mi infancia (por si acaso, esa exposición dura hasta este sábado y la entrada es gratis).

PS. Esto debe ser lo más desordenado que he escrito en harto tiempo. O de plano me estoy poniendo “lenta”.

lunes, enero 14, 2008

Como odio los trámites

No conozco a nadie que alguna vez me haya dicho que le gusta hacer trámites. Aquí mi lista de los peores.

Ir a una notaría para conseguir la copia legalizada de un documento
Si en el colegio/universidad/instituto dan un certificado de egreso ¿Por qué con eso no basta? ¿Por qué alguien que no te conoce tienes que avalar que uno hizo lo que dice haber hecho simplemente firmando? Además, quién dice que no podría alguien llevar un título falso que pasará a estar “legalizado”.
Aparte que las notarías son lugares pequeños que siempre están llenos y mal ventilados, siempre hay que sacar número y esperar mil años que llegue el notario (que suele estar atrasado); se digne a hacer el trámite, y más encima pagar por una firma insignificante.
Así que propongo una idea de marketing para toda la gente que entrega títulos y documentos varios: junto con el original, den de regalo dos copias legalizadas ante notario. Eso es suficiente estímulo.

Dejar en la comisaría una constancia de robo del carnet de identidad
Con todo mi respeto por los amigos de verde en el camino, este es un extracto de lo que me pasó el año pasado en una comisaría:
-Hola, vengo de dejar una constancia por hurto de carnet de identidad
-¿Qué le pasó señorita?
-...me robaron el carnet (como acabo de decirle).
-Y cómo fue
-Iba caminando por calle Moneda, busqué algo en mi bolso y me di cuenta de que estaba abierto y se habían llevado mi billetera.
-¿Y no vio a nadie?
-No. A nadie. (¿¿¿¿Qué parte de la palabra hurto no le quedó clara????)
-¿Y viene a dejar constancia de eso?
-Sí (...no creerá que vine por gusto a la comisaría...)

Tengo que decir que las cosas entre paréntesis las pienso, pero jamás las digo en voz alta. Soy mala internamente, pero externamente me veo simpática. Creo.
Como sea, el trámite es una lata.

La fila del banco
Menos mal que a este apartado se ha simplificado con la cuenta virtual y los sobres en los buzones, porque hacer una cola en el banco sin libro o música a la mano es una pesadilla que puede ser aún más extrema cuando te informan que “se cayó el sistema”.
¡¡¡¡¡Compónganlo ahora!!!!!, piensa mi yo interno. Y me molesto.
Me enojan las cajeras lentas y la gente que intenta solucionar todas sus dudas bancarias cuando hay una tremenda fila detrás. Por eso trato de ir lo menos posible.

Todo esto a propósito de que perdí media hora de mi tiempo en el primer trámite del 2008: sacar el Multipass.

Nota: Estoy aletargada con el calor la verdad. Revivo tipo 8 de la noche. El chip creativo está un poco dormido y ahora mismo respondería las preguntas de cualquier cuestionario de esos eternos que a veces circulan por ahí sólo porque estoy ociosa.

martes, enero 08, 2008

Esto llama mi atención

Muy rara vez veo las noticias de las 9pm porque a esa hora estoy haciendo cualquier otra cosa. Yo prefiero leer los diarios o Internet. Pero anoche hice una excepción, apreté el control remoto y la cara de Hillary Clinton, que llamaba votar por ella porque había mucho por hacer en el país (y justo-justo en ese momento los ojos se le pusieron vidriosos), me dejó pensando que:
1. Es muy probable que gane Obama por publicidad, voto replicado y sensación de triunfo anticipada. Yo lo apuesto desde ya.
2. Sigo sin comprarle nada a los políticos
3. Sé que en el futuro tampoco les voy a creer nada.

Bill Gates será perno, pero nadie duda de que el tipo es seco en lo suyo. Hasta para anunciar que se retira de Microsoft en julio prepara un video con sus “amigos personales” Bono, George Clooney y Jay Z, entre otros. El desempleado más millonario del mundo, es casi una burla para el resto.
Y es suertudo, nadie guitarrea con Slash sin tener idea de lo que está haciendo.

No podía dejar fuera la teleserie a capítulos diarios que ofrece Francia últimamente: el Presidente Sarkozy y su novia Carla Bruni recorren el mundo y son felices. Esto no le importaría a nadie si:
1. Sarkozy no se hubiera divorciado de su esposa recién en octubre pasado.
2. No exhibieran su romance por Egipto, Jordania, etc, a bordo de un jet facilitado por un empresario francés, que seguramente después cobrará el favor, y muy caro.
3. La Bruni no tuviera ese prontuario ni hiciera tanto alarde de la relación.
El que me llama la atención es Sarkozy, que parece adolescente o futbolista contratado por primera vez por un equipo importante. Modérate hombre.

Bonus Track
La Reina Isabel juega Nintendo Wii con su nieto, el príncipe William y sorprende a todos porque coordina movimientos y aprende rápido. Ella tiene 81 años y me superó, yo no sé jugar Nintendo Wii, nunca lo he intentado.

miércoles, enero 02, 2008

El bueno, el malo y el feo

(Estuvo bonito el Año Nuevo, pero ya se acabó y la vida sigue)

El título del post no significa que vaya a hablar de la película aquella, ni tampoco de lo bien que me cae Clint. Eso lo guardo quizás para otra vez.
Simplemente tomé el nombre prestado pensando en los pros y contras de cada uno.

Bueno(a): Ser bueno es... bueno, valga la redundancia. Yo creo que todo el mundo aspira a ser mejor persona, que no es lo mismo que ser tonto ni que te pasen a llevar. Está muy estereotipado el perfil, muy de protagonista de teleserie que la humillan, le quitan todo, el novio se queda con la millonaria pérfida, se muere la familia, le roban la guagua, se queda ciega y ella aún tiene sonrisas para regalar.
Es que yo no podría, a la primera me dan ganas de mandarlo todo a volar.
Hombres buenos..., no se me ocurre ninguno que no sea cura ni se apellide Hurtado, y él no era ningún nerd.

Malo(a): Sin malos no hay historia ni atractivo, por algo los actores siempre quieren representarlos. Les pasan más cosas y mueven los hilos, mientras que el bueno funciona como agente pasivo-reactivo. Están los malos con matices y los malos que no tienen perdón de nadie, por ejemplo: malos los que raptaron a Maddie, independiente de quiénes sean los culpables; malo Herodes, que mandó matar a todos los niños menores de dos años sólo porque andaba buscando a uno; malo el protagonista de la saga Saw; malo Enrique VIII, que mandaba matar a sus esposas cuando quería divorciarse.
Creo que la maldad es necesaria, no sólo para distinguir figura y fondo, sino también como medio de canalizar los enojos cuando se usa en justa medida. Las vendettas me atraen.
Por ese último párrafo que acabo de escribir seguro que me voy al infierno.
Pero insisto, más me asusta alguien que es bueno todo el tiempo que alguien con arranques de malicia de vez en cuando. En el primer caso sospecharía.

Feo(a): Ser feo es algo de lo que se habla, pero nunca frente al aludido. En el colegio sí, hay niñitas que se lo pasan llorando porque las compañeras les dijeron que eran feas delante de todo el curso. Pueden ser muy crueles los niños, pero ellas después cobran su venganza volviéndose cisnes. Cuando uno es grande, la gente simplemente describe a la persona como “muy simpática” o “muy simpático” con una sonrisa socarrona como aditivo.
No voy a decir que lo importante es lo de adentro, porque aunque efectivamente lo es, eso lo venimos a comprobar después de haber hecho la sentencia interna cada vez que conocemos a una persona nueva. Casi todos caemos en lo mismo: prejuicios, prejuicios, prejuicios. El que me diga que no y sea convincente gana premio (no tengo nada para regalar, pero no importa, es la intención).

Nota de la redactora: Nada personal contra Stallone, al contrario, estaré en primera fila para Rambo 4. Pero sus caras en Rocky, justo antes de que lance el golpe certero que lo salva de la derrota, eran macabras.

martes, diciembre 25, 2007

¿Balance? ¿Balancín?

Cada vez que alguien me dice “lo hubiéramos hecho así” o “de haber ido hubiera pasado tal cosa”, me acuerdo del libro Amistad. Si el nombre suena familiar es porque también hay una película de Steven Spielberg basada en la historia de un grupo de africanos que son llevados cautivos a Europa para venderlos como esclavos.

El asunto es que apenas tocan tierra los encarcelan y, viendo que el asunto huele a violación de derechos básicos, organizan un juicio para determinar si son libres o no. Ellos por supuesto, no tienen idea de lo que está pasando y les asignan para su defensa a un abogado de buen corazón que se hace cargo del caso comunicándose a través de un intérprete.

En un minuto el leguleyo trata de explicarles que si hubieran hecho tal cosa en la audiencia (no me acuerdo exactamente qué), podrían haber sido beneficiados por el juez. El intérprete se lo queda mirando y responde:

-No puedo decirles eso
-Cómo que no puedes
-No pueden entenderlo. Para los africanos no existe el “hubiera”, no hay traducción para esa palabra. Las cosas se hacen o no se hacen, pasan o no pasan y punto.

Me gusta tanto el concepto... En realidad pensar en los hubiera es perder el tiempo.


Ya, ese fue mi minuto reflexivo del día.
Ahora, cambio radical de tema, porque esta es la época de hacer recuentos de fin de año.

Es una tontera, pero todos los años en diciembre abro la caja donde guardo las entradas del cine (sí, soy una cachurera) y las cuento para saber cuántas veces sucumbí al séptimo arte.
Ir al cine no es sólo sentarse y ver la película. Es llegar antes, esperar, observar y pensar.
Ir acompañada de mis amigas es risa segura y comentarios detallados de todo.
Ir sola es agradable cuando puedo sentarme en la butaca del medio de una fila vacía con la sala prácticamente sólo para mí (eso es posible en las funciones de las 11am de un sábado, por ejemplo).

Este año la cifra total es de 37, la mayoría en los Hoyts del centro. Pero he visto muchas películas más contando el dvd y los “respaldos” (porque me han dicho que hablar de películas pirateadas es muy feo).

Otros hechos destacables de mi 2007:

-Una hora menos de sueño de lunes a viernes (gracias Transantiago...)

-Me cambié de discoteca favorita: antes era habitué de la Blondie, ahora soy habitué de la ex Oz (hay que decir que, aparte de la buena música, en esta disco no pagamos ni un peso por la entrada, punto que igual importa)

-Ya pasaron varios meses, pero saqué la tesis y terminé mi magíster, y cada vez que me acuerdo me alegro.

-No sé cuántos libros leí, pero han sido muchos. Como quedé huérfana de biblioteca al terminar la universidad, este año me inscribí en Bibliometro, que tampoco es oh, el paraíso literario, pero tiene varios títulos que salvan. El resto, lo que me prestan las amigas (gracias Paula) y las rebajas de mis picadas (gracias libreros de San Diego).

-Escribir hace bien, me hace bien. Escribo aquí y escribo en La Página. Eso continuará.

-Tengo nuevos amigos, lo que equivale a grandes aportes.

-Muchas cosas más, pero esas son de las que se reservan.

-Ah! Y soy consecuente, he mantenido y perfeccionado mi política de gata de chalet que no se asoma ni por si acaso a un gimnasio, pero come sano, toma leche y camina mucho. Quiero que el próximo año la cosa siga exactamente igual en este punto.

lunes, diciembre 17, 2007

Twisted Christmas

Ayer, mientras me comía un helado, pensaba que no es que odie la Navidad, porque el concepto general me agrada, pienso en los feriados, en la comida con mi familia y todo eso me gusta.

Lo que no me gusta es escuchar por todas partes que esta es época de “paz y amor”, que “debemos preparar nuestro espíritu para las fechas”, o que “hay que abrir los corazones”. La frase hecha es odiosa, la imposición me corta todas las ganas.

Además, ¿por qué tengo que ser bondadosa en diciembre? ¿El resto del año da lo mismo?

Como verán destilo paz y amor. La imposición de que hay que ser buenos hace que me den más ganas de ser mala.

Quizás esta noche me pasa lo mismo que a Ebenezer Scrooge y vienen los fantasmas de las navidades pasadas y las navidades futuras para darme una última oportunidad antes de transformarme para siempre en un ser odioso.

Que vengan los fantasmas, acá los espero. Hasta sería entretenido.

En la otra cosa que pienso es en los regalos. Ya saqué mi papelito del amigo secreto en la oficina y me tocó... una colega muy simpática a quién no tengo idea qué diablos voy a darle.

O sea, tengo una vaga propuesta, pero todos los años es la misma complicación con ella y otras personas más incluidas en mi lista Navidad 2007:

Si es mujer, uno tiende a pensar en chocolates, una caja de bombones poderosa. Ojalá que la susodicha no esté a dieta, o me los va a tirar por la cabeza y dirá que no colaboro con la causa. La otra opción son las cremas, colonias y accesorios varios, pero lo malo es que esos regalos los hace todo el mundo y como los venden en cualquier farmacia, uno va a la esquina y averigua cuánto gastaron en ti.

Regalarle a un hombre me complica si no lo conozco bien. Muy en general, si le gusta el trago, uno piensa en la infaltable botella de vino; si fuma, un encendedor con diseño; si el compadre salió sano, calcetines. Horror. Nada personal contra los calcetines, yo sé que son muy útiles, pero no lo que uno espera encontrar cuando abre un regalo, así que nunca los voy a envolver para otra persona. A menos que sea alguien que me cae muy mal.

¿Ya pedí mi regalo?
Yo quiero un pasaje ida y vuelta (como en tres meses más) a África para estar con los tigres, las jirafas y los elefantes. Si África es muy caro, un pasaje a Nueva York también es bienvenido. You wish!!!!

Bonus track
La primera foto que ilustra este post es el disco navideño de los Twisted Sisters, llamado “Twisted Christmas”, nada más afín a mi sentimiento. Ver al vocalista metalero vestido de Viejo Pascuero es lo más divertido de los últimos días.

domingo, diciembre 09, 2007

Radio star

Tengo una amiga que trabaja en la radio, y todas las tardes de lunes a viernes de 3 a 6pm conduce un programa de cultura y espectáculos junto a un partner que para este relato viene siendo sólo un detalle porque mi amiga es ella, no él.

La cosa es que casi todos los días a partir de las 3 de la tarde tengo diversión asegurada. Estamos conectadas por Messenger y de repente me llega un mensaje contándome que hoy viene tal o cual entrevistado, todos artistas o cantantes que tienen mucho/poco/nada de fama, dependiendo de quién sea.

Y así empezamos a conversar en intervalos. Ojo que a esa hora ella trabaja y yo también, pero a estas alturas mientras más multifuncional es la gente, mejor. Se puede laborar con Messenger, nosotras somos el vivo ejemplo.

Siempre quiero saber si la gente que entrevista es simpática, es lo que más me importa porque para hablar con sacos de plomo nadie tiene disposición. Si es un personaje de farándula, pregunto si es tan deschavetado como parece estar en los titulares del diario. Me gusta imaginar y enterarme de esos detalles freaks como “es más alto de lo que parece” o “Ale, tiene una cara de reventado que no te la explico”.

Nunca escucho a la Paula (es que a esa misma hora dan el programa que me gusta en otra radio, se ve que gané el premio a la amiga del año). Además, su voz por la FM es tan distinta a como yo la conozco desde primer año de universidad, que siempre termino pensando en eso y me distraigo, así que prefiero que me vaya contando las cosas por MSN, y cuando eso pasa, sé que hay corte musical, porque de otro modo ella estaría locuteando. Es la magia de la radio ga ga.

Con esto me pongo a pensar que es curioso que todo avance pero la estructura radial siga estando casi idéntica a como era décadas atrás. Claro, ahora hay muchas radios en Internet porque el dial se está agotando y escuchar AM con lo mal que suena es impresentable; pero de todas formas me sigue gustando el tema de sintonizar e imaginar, no tanto por nostalgia, sino porque creo que la radio es un tremendo invento, mucho más amigable que la TV.

Y aunque haya cada día más oferta, yo sólo escucho y tengo en mi memoria dos emisoras: la Universo (93.7) y la Futuro (88.9).

lunes, diciembre 03, 2007

¿Y esa cicatriz?

El otro día iba caminando cerca del Parque Forestal, en esa parte donde están los juegos, y me quedé pegada viendo a un niñito que subía y bajaba del balancín, corría sin parar, atropellaba a los demás y la pila Duracell no se le acababa. Era una de esas veces en que uno sabe que si todo sigue en esa misma tendencia, va a pasar algún accidente.

Y pasó. El pergenio iba corriendo, miró para otro lado y quedó estampado en el pilar del balancín.

Obviamente se puso a llorar a gritos, llegó la mamá corriendo y por lo que alcancé a ver se pegó fuerte, pero nada de gravedad. Un poco de sangre en la frente, quizás hasta le queda una cicatriz y punto.

No es tan raro... cuando uno es niño tiene un radar para atraer accidentes. La vez que nos caímos, la vez que nos cortamos la mano con el vidrio, la vez que nos ahogamos, nos enyesaron, nos mordió un perro… en fin, las cicatrices físicas (las otras son tema aparte).

Yo tengo una cicatriz en la mano, recuerdo de la vez en que me encontré una especie de bloques de tiza en la calle y me los llevé feliz a mi casa para estampar el patio con mis dibujos y creaciones artísticas. De tiza nada. Era loza, y lo supe cuando me hice una herida profunda. “Por un pelo no llegó a la vena este corte”, le dijo la enfermera a mi mamá. ¿Suicida yo? Nada que ver, pero ahí está la cicatriz de recuerdo.

También me he ahogado. Dos veces. Antes las tapas de los yogures no eran como las de ahora (me siento vieja contando esto). Eran duras, con un material que parecía lata, pero más delgado. La cosa es que yo tenía como cuatro años y jugando, me metí un pedazo de eso a la boca y me quedó pegado en la garganta. Me ahogué. Una tía tuve que zamarrearme y meter mano.

Mi segundo ahogo está enlazado a un dulce Ambrosoli de piña. Esto nunca lo olvido, quedé traumada y hasta el día de hoy parto los dulces por la mitad con un cuchillo. No me acuerdo cómo, pero se me fue por la garganta y ahí se quedó. Me puse Deep Purple y mi tía tuvo que auxiliarme, de nuevo.

Otra fuente inagotable de porrazos es cuando uno da el gran paso de andar en bicicleta sin las dos ruedas de atrás. Yo aprendí con un primo en una plaza a la que íbamos todas las tardes en el verano y por supuesto que me caí mil veces. Y la perla iba con vestido a tono con la bicicleta roja, así que las rodillas me quedaron para la historia. Lo bueno es que después se recuperaron.

También me he caído ahora que soy grande, pero esas historias no son muy auspiciosas, así que mejor no las cuento.

martes, noviembre 27, 2007

Una pistola de agua por favor

Lo especial de andar en metro al menos una hora por día es que inevitablemente me toca escuchar conversaciones ajenas. No es que lo ande buscando, pero siempre me tocan diálogos de antología, y me quedo pegada enterándome de historias sórdidas.

Metro estación Universidad de Chile, dos señoras, cual de las dos con más bolsas en la mano:
Señora 1: Menos mal que ya compré todos los regalos de Navidad
Señora 2: Sí, menos mal, aunque a mí todavía me falta comprarle algo al Ricardito.
Señora 1: ¿Y qué te pidió?
Señora 2: Una polola, jajajaja

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Metro estación San Joaquín, que suele llenarse de alumnos PUC:
Estudiante 1: Anoche me dio un ataque de pánico y llamé a todos mis ex.
Estudiante 2: Nooooo, ¿y qué te decían?
Estudiante 1: Uno había cambiado el celular, otro está pololeando y no me pescó...
Estudiante 2: ¿Y Gustavo?
Estudiante 1: Gustavo quiere entrar al seminario.

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Metro estación Unión Latinoamericana, donde no se sube ni se baja casi nadie, debe ser la estación con menor movimiento de la línea:
Señor 1: Yo ya he pensado que me quiero morir de cualquier manera, menos en un accidente de autos.
Señor 2: Pero hay cosas peores hombre, imagínate morir ahogado.
Señor 1: No sé, hasta he hecho mandas para no morir en un accidente, les tengo fobia.
Señor 2: Pero igual tienes auto...
Señor 1: Sí, pero apenas lo manejo, está siempre guardado.

Esa última conversación me dejó pensando en las diferentes formas de morir. Con mis amigas habíamos hablado antes del tema y hasta armamos un Top 5 con las peores:

1. Morir quemado: Calor y fuego, es como la antesala del infierno. Además, nadie va a querer verte después en el cajón y no hay maquillador que pueda componer el descalabro.

2. Morir atropellado: Más que nada por la sensación de que un auto te pase encima. Por eso entiendo al señor del diálogo 3, pero nunca tanto como para que sea una fobia.

3. Morir ahogado: Agua, mucha agua, y pataleos desesperados con plena conciencia de lo que está pasando. No gracias.

4. Inanición: Morir de hambre con lo que me gusta comer es como una maldición, lo peor que me podría pasar. Misma idea con la variación morir de sed. Por eso sé que si alguna vez protesto por algo, jamás me ofreceré de voluntaria para las huelgas de hambre.

5. Morir en un accidente de avión: Puede ser trágico, muy trágico, pero a mil y tantos pies de altura la muerte es casi instantánea, así que nos ahorramos la agonía.

Nota de la redactora: Es casi diciembre, todo es rojo, la gente se ríe, compra regalos como enajenada y yo salgo con estos temas mortuorios... Así es no más, siempre voy al revés de los cristianos y por eso a veces me dan ganas de pegarme un tiro... con pistola de agua.